Manejo de enfermedades bacterianas en Hortalizas

La mayor parte de las bacterias fitopatógenas se diseminan por la acción combinada de insectos, lluvia, viento y el hombre. Entonces, su dispersión no depende en forma exclusiva de los insectos. El manejo de bacterias fitopatógenas requiere de una serie de medidas que de manera integrada posibiliten el éxito de control. Parte fundamental en el manejo integrado es el “Diagnóstico”, ya que de este dependerá las estrategias a seguir.

El control cultural mediante el manejo de humedad y minerales son sin duda la medida inicial con el objetivo de evitar la infección y dispersión de las bacterias, así como el control de plagas que pueden transmitirlas. Las enfermedades causadas por bacterias son difíciles de controlar utilizando compuestos químicos, ya que éstos pueden provocar resistencia al agente causal. Además, las bacterias fitopatógenas producen abundantes cantidades de polisacáridos extracelulares, los cuales las protegen de algunos agentes químicos antibacteriales.

El éxito del control de una enfermedad bacterial implica romper con el ciclo de vida y para esto, es necesario conocer el agente causal, los síntomas, la forma de diseminación y los factores ambientales que favorecen el desarrollo de la enfermedad. Es necesario diseñar un adecuado plan de prevención y control de la enfermedad. La prevención es la mejor estrategia para evitar la presencia de fitobacterias en los cultivos.

El control cultural mediante el manejo de humedad y minerales son sin duda la medida inicial con el objetivo de evitar la infección y dispersión de las bacterias, así como el control de plagas que pueden transmitirlas. El control cultural mediante el manejo de humedad y minerales son sin duda la medida inicial con el objetivo de evitar la infección y dispersión de las bacterias, así como el control de plagas que pueden transmitirlas.

El control cultural mediante el manejo de humedad y minerales son sin duda la medida inicial con el objetivo de evitar la infección y dispersión de las bacterias, así como el control de plagas que pueden transmitirlas.

Por otra parte, la resistencia sistémica adquirida conocida como SAR por sus siglas en inglés (Systemic Adquire Resistance) es un mecanismo de defensa inducible que juega un papel importante en la defensa de las plantas al ataque de patógenos tales como hongos, bacterias y virus. Diversos microorganismos entre los que destaca el uso de bacterias se han utilizado para el control de bacterias fitopatógenas entre ellas Pseudomonas syringae es una de las más utilizadas. La resistencia génetica es un componente importante en la reducción de la severidad dado que muchas variedades de diversos cultivos actualmente poseen tolerancia o resistencia genética.

Finalmente, el control químico de bacterias fitopatógenas se ha venido realizando desde hace muchos años siendo los bactericidas considerados como una alternativa para el manejo de estos fitopatógenos. El objetivo principal del control químico es eliminar a las bacterias antes de que estas penetren el tejido hospedero lo cual puede lograrse con una aplicación preventiva en las plantas sanas, antes de su contaminación por la bacteria.

La fuerza de trabajo en los cafetales centroamericanos está conformada por unos 296.135 productores, distribuidos en un total de 886.772 hectáreas de zonas sembradas por el grano. Los suelos son propicios para este cultivo, pues son una mezcla de suelos de origen volcánico, con alturas entre 800 y 1.200 metros sobre el nivel del mar y un clima casi siempre adecuado.

El café fue el impulsor del crecimiento de la economía regional durante el siglo XIX, así como de otros aspectos como transportes o telecomunicaciones. El difícil acceso a plantaciones alejadas motivó a los gobiernos a construir mejores vías, utilizar trenes y camiones y desarrollar las comunicaciones. A mediados del siglo XX se introdujo el uso de fertilizantes, sistemas de riego, nuevas variedades de café más resistentes y más capacidad de siembra por metro cuadrado.

Uno de los momentos más difíciles para el rubro fue cuando la roya afectó al 74% del café de El Salvador, 70% de Guatemala, 64% de Costa Rica, 37% de Nicaragua y 25% de Honduras entre los años 2012 y 2013, sin embargo, un control adecuado de la plaga y la diversificación de la producción cafetalera a contribuido a evitar una crisis de grandes proporciones.

Aunque este año también hubo impacto por esta enfermedad, los caficultores de Guatemala Honduras y Costa Rica han logrado contrarrestar sus efectos gracias al uso de tecnología y variedades resistentes a plagas y que logran mayores rendimientos.

Una de las medidas que han tomado algunos productores para diversificar la actividad ha sido producir biogás utilizando las aguas contaminadas por la producción de café, convirtiéndola en una actividad sostenible. La producción de 1.3 millones de sacos de café anuales equivale al impacto contaminante de 20.000 autos; además, rebaja el consumo de agua de manera dramática.

Asimismo, en Costa Rica se trabaja en un abono orgánico a base de broza del café enriquecida con calcio, magnesio y demás nutrientes, que tendría una reacción positiva a nivel de suelo y que permitiría generar buenas cosechas.